130

He escuchado este año variadas quejas a cuenta del reparto de las guías oficiales de Semana Santa. Nada muy diferente a lo que se viene escuchando en los últimos años, dicho sea de paso. Quejas cuyo fondo entiendo, solo en parte.
No sé si soy el único, pero percibo una especie de psicosis anual por conseguir uno de estos preciados tesoros. Sabemos que el público de a pie, aquellos que no están involucrados de lleno en ninguna hermandad, a veces tiene dificultades para acceder a las guías. También sabemos que con frecuencia las guías no llegan a Semana Santa, se agotan antes de lo previsto… al menos oficialmente. Yo defiendo desde hace algún tiempo que las cofradías reciben demasiadas guías. Si buceamos hasta la raíz del iceberg encontramos un buen puñado de guías huérfanas que mueren apiladas en cajones, en fondos de armario, en las estanterías de cualquier almacén o casa de hermandad. Son testigos polvorientos de la mala gestión de nuestros recursos. Lo llevo viendo desde que era adolescente. Este año me he animado por fin a aportar algunos datos gráficos, obtenidos esta misma Cuaresma en un lugar cualquiera. Estas fotos no son, por desgracia, un ejemplo aislado; he puesto dos como podía haber puesto veinte.

Fotodenuncia: Semana Santa de Cáceres – Las guías perdidas.


Abordo esta cuestión como un problema, por la sencilla razón de que la edición de las guías oficiales cuesta dinero (lo pague quien lo pague). Y de tanto que nos quejamos ahora por el asunto monetario, extraña ver tantísimos ejemplares malbaratados de esta forma. Y más todavía extraña la poca voluntad que hay de poner remedio.
Cualquier crítica, para que sea constructiva, tiene que venir acompañada de alternativas, so pena de situarnos al ínfimo nivel de quienes comentan en los periódicos. A mí, para paliar este desbarajuste, se me vienen a la cabeza algunas ideas desperdigadas:

–  Ya he dicho que bajo mi punto de vista las hermandades reciben demasiadas guías para repartir. Pero las pocas guías que debieran recibir, si queremos que hagan algo por difundirlas, pongámoselo fácil…  Debe planearse con más tiempo la tirada de las guías, no tiene sentido que salgan a la calle una o dos semanas antes de Semana Santa. Hay un año entero para prepararlo, para recabar los datos y fotos de las hermandades, las fechas se conocen de antemano, la confección del libreto en un alto porcentaje tiene la misma estructura todos los años, incluso el cartel ahora se presenta -acertadamente, bajo mi opinión- en diciembre precisamente para ayudar a la divulgación… no sé qué oscuros mecanismos subyacen bajo este proceso que al final siempre ocurre algún imprevisto o algo que dificulta la distribución de las guías.
– Directamente pienso que las guías no son para los cofrades, que ya sabemos cuándo son las procesiones y qué pasos salen. No sé vosotros, pero yo las guardo como mero objeto de coleccionismo. ¿Es necesario que los cofrades acaparemos tanto? 
– Desde las cofradías tampoco me vale la excusa de que este año se han entregado muy tarde, que también la he escuchado. Hay guías acumuladas de todos los años, sin excepción, y empezando por algunas con fecha del siglo pasado. Docenas y docenas y docenas. Las cofradías deberían tener también un poco de iniciativa y devolver las que vean que van a sobrar, o dejarlas en hoteles, bares, oficinas de turismo, colegios, museos, ayuntamiento, bancos o donde quiera que estén al alcance del pueblo y puedan resultar útiles. Guardarlas en los baúles es un ejercicio de despreocupación e irresponsabilidad.
– Cóbrese una cantidad simbólica por cada ejemplar. Siempre existirá la versión de mano para quien renuncie a gastarse unos céntimos. Así de paso acabamos con el mamoneo de “dame 4 ó 5 guías que tengo un primo que conoce a uno que necesita…”. Una guía=1 euro. Autofinanciación. O bien, que la recaudación se destine por ejemplo a obras de caridad (qué mejor publicidad para los patrocinadores, ¿no?). Esta idea no es nueva, me consta que ya se ha propuesto. No se pone en marcha porque nos inventamos un sinfín de excusas e inconvenientes antes de haberla probado. Yo en verdad lo achaco todo a la pereza mental: es mucho más cómodo dejar las cosas como están que promover cambios. Entiendo también que ningún dirigente quiera ser el malo de la película comenzando a cobrar por estas cosas… pero la esperanza es lo último que se pierde.
– Si no reconocemos errores, y pensamos que la distribución de los programas es perfecta e impoluta… bien, a tenor de las pruebas entonces habrá que asumir que en Cáceres sencillamente no hay habitantes -o interés- para tantas guías. Edítense menos ejemplares.
Sé que algunas o muchas de las personas involucradas directamente en este proceso estáis leyendo estas líneas, así que recoged el guante y transmitirlo por favor a los órganos pertinentes. También podéis colaborar compartiendo vuestro punto de vista, con mayor conocimiento de causa que quien aquí escribe, y quizás arrojando algo de luz sobre este fascinante misterio de las guías perdidas.