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Para los despistados recuerdo que poco antes de Semana Santa abrimos una página en Facebook como punto de encuentro del entrañable paso del Calvario. Impresiones, noticias, fotos de otros años, turnos, etc. Hermanos de carga actuales, antiguos, hermanos de otras cofradías, todo el mundo es bienvenido. La dirección es muy sencilla: https://www.facebook.com/HermanosdelCalvario

81 – Calvario

Encajo con una mezcla de satisfacción y esperanza el descubrimiento de nuevos blogs de gente que tiene muchas cosas que decir en esta historia, y que por fin se van decidiendo a compartirlas. La Piedra Callada, ¡Atentos!… ¡al hombro! o el ejemplo que nos ocupa en este post.
Confieso que desde hace tiempo venía barajando la idea de escribirle algo al paso del Calvario, pero la verdad es que nunca supe por dónde empezar. El proyecto dormía la siesta en los brazos de la pereza, hasta que una noche de mayo, sorpresa sorpresa, me encuentro por azar con el mejor título de blog que ha existido, existe y existirá en la historia de Internet: “No sus fieis de las horquillas“, de un cofrade ejemplar como es Ángel Falero. Lo primero que pensé es: ¿cómo no se me habría ocurrido a mí? Y allí dentro, una simple foto que despierta y emociona al mismo tiempo. La foto condensa tradición, historia, nombres propios, emociones y expresividad por toneladas. Tras ella, la inspiración venía sola. O a lo mejor era el empujón que le faltaba.
Tengo la suerte de haber conocido muchos pasos, siempre con experiencias positivas, pero hay dos en los que las cosas sencillamente son distintas. Uno es el Calvario; el otro lo guardaremos para mejor ocasión. Son otra historia. Ellos imponen sus propias reglas, tienen su sello de identidad, enganchan desde el crujido primero. En sus maderas, como en ningún otro lugar, se dignifica y se enriquece ese oficio tan de aquí que llamamos Hermano de Carga.
Uno no sabe explicar muy bien dónde reside la magia del Calvario ni cuándo nace esa peculiar manera de entender la Pasión, desde la humildad, el compañerismo y el orgullo. Tampoco puedo remontarme tan atrás como quisiera, pues aterricé en el Calvario precisamente el año en que se jubilaban sus míticas andas de campana y cinco varales. No he podido disfrutar de otras épocas. ¿Será por cómo suena? Solo los hermanos del Calvario conocen ese sonido. Solo ellos conocen la necesidad verdadera de echar el ancla por el adarve. Nadie está tan obligado a frenar con el esfuerzo. Solo ellos saben que los kilos no caen igual cuando pasa saludando el arco de Santa Ana. Ellos mejor que nadie saben lo que es besar las paredes de la muralla y llevarse un recuerdo de arenilla en la túnica, a la altura del antebrazo. Ellos más que nadie saben lo que es ver pies encogiéndose a su paso. Saben de un Cristo que no para quieto. Saben que ellos hacen otra procesión, una con las curvas más cerradas, las puertas más estrechas y las esquinas más traicioneras. Saben que para ellos los cables penden mucho más abajo. Será por la saeta del Borrasca en Puerta de Mérida, con la despedida de las últimas estrellas. Será porque su sombra en la piedra de San Juan se estira más alta que las demás. Será porque bajo el Calvario el adarve es más largo, y aun así nos da pena llegar al final. Será porque el Calvario une, identifica y enseña. Será porque en él todo es a lo grande. Será porque en trece años nunca he conocido cansancio, quejas o disputas. O será porque a cambio he conocido a muchos hermanos, entregados a una causa y amarrados a la horquilla y al orgullo como únicos compañeros de camino. Gente poderosa que va a lo suyo, que no rechista ni hace preguntas. No sabe de bandas, de atajos o de postureos. El Calvario va solo.
Muchos no entendemos la madrugada sin nuestro querido elefante, misterio siempre vinculado a una saga de maestros delante del paso, los Galiches (con G mayúscula), que dejaron imborrable cátedra esparcida a los pies de la muralla. Y aquí cedo el turno a quienes saben contarlo con bastante más propiedad que yo: Samuel Martín, David Remedios y Pedro Cano.
Alguna vez, con dolorosa incertidumbre, me he preguntado cómo entenderán el Calvario las generaciones que están por venir. Aquellos jóvenes, hoy todavía chiquillos, que no han tenido el privilegio de ser dirigidos, o mejor sería decir aconsejados, por las manos maestras de Ángel o de Paco. ¿Qué sabrán ellos del “no sus fieis de las horquillas”? ¿cómo aprenderán el “echad los pies por delante”? ¿quién les contará una broma para hacerles sonreir cuando van más jodidos? ¿y quién les gritará aquello de “ya estamos en casa”? ¿En qué escuela se enseña a sacar pasos de este tamaño a ras de suelo? Define magistral Falero: “la voz de un gran jefe de paso que hace pasar un tanque por el ojo de una aguja”. Y llego a la conclusión de que quizás sea nuestra tarea, la de todos los que aún sigamos aquí, difundir y perpetuar este legado, una personalidad propia, una particular forma de hacer cofradía que disfrutaron tantos alumnos aventajados que pasaron bajo esa cruz, madrugada a madrugada. ¡Qué lección de cacereñismo, Calvario!
Alma Cofrade – Vídeo homenaje A.Polo (2005)
Sé de muchos que quieren jubilarse en este paso. Sé de muchos que no enseñan su rostro más que cuatro horas al año, para cargar con su Calvario. Sé de muchos que con gusto renunciarían a obligaciones mayores con tal de poder volver bajo estos varales, porque los sienten suyos. Y seguramente algún día volverán, claro que sí. También sé que alguno está leyendo ahora mismo estas letras, y para sí mismo asintiendo con la cabeza. No puede ser de otra forma, compañero: somos del Calvario.

Hermanos del Calvario.
Ni mejores ni peores.
Distintos.
Cincuenta hermanos, un solo corazón.
Cincuenta horquillas, un solo golpe.
Grandes hermanos, y hermanos grandes.
Grandes en tamaño.
Grandes en lealtad.
Grandes en el respeto.
Grandes en el deber.
Hermanos de los maestros.
Hermanos de una tradición.
Hermanos silenciosos.
Hermanos sin florituras.
Hermanos del aguante y la obediencia.
Hermanos del horquillazo y la cabeza alta.
Hermanos que no se doblan.
Hermanos del crujido seco y del diente prieto.
Hermanos del peso pesado.
Hermanos del adarve sin prisa.
Hermanos del paso majestuoso.
Hermanos de toda la vida.
Hermanos de aquí al Nazareno.
Hermanos del orgullo.
Ni mejores ni peores.
Distintos.
Hermanos del Calvario.