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En  este artículo vamos a repasar un curioso episodio acaecido al comienzo de la década de los 60 y que tiene como hilo conductor la adquisición de la imagen de María Corredentora, obra de Venancio Rubio, por parte de la cofradía del Humilladero para acompañar al Stmo. Cristo en su procesión de Semana Santa.

Como sabemos, la imagen se incorpora a los desfiles procesionales cacereños en el año 1960, pero el proceso anduvo lejos de resultar sencillo. Durante algo más de un año tuvo lugar un tenso e inesperado tira y afloja a tres bandas, cuyos actores principales fueron la propia corporación, el párroco del Espíritu Santo -D. Antonio Suárez Madruga-, y el obispo D. Manuel Llopis Ivorra. Por aquel entonces, el mayordomo de la cofradía era D. Narciso Sánchez Morales. Empleamos como fuentes del relato el completísimo estudio de Serafín Martín Nieto sobre la ermita del Espíritu Santo y el estudio histórico de itinerarios de este desfile procesional, obra de un servidor.  

Los hechos se desarrollan tal como sigue:

El día 8 de febrero de 1960, una vez concluida la hechura de la imagen, el mayordomo solicita al obispo la pertinente autorización para que la Virgen pueda incorporarse al culto en la cofradía. El 24 de febrero, previa consulta y visto bueno de diversos sacerdotes y personalidades (quienes dieron su aprobación de que la imagen podía mover a devoción), el obispo autoriza la recepción definitiva de la talla de María Corredentora por parte de la cofradía, así como su bendición, su colocación para el culto en un lugar digno y visible de la ermita, y por supuesto su salida procesional prevista para el día 10 de abril de 1960, Domingo de Ramos.

Lo que debía ser un mero trámite comenzó a complicarse cuando entra en juego el párroco, D. Antonio Suárez. Este estaba visiblemente molesto porque la cofradía, sabedora de que la postura del párroco no era favorable a la incorporación de la nueva imagen, le había puenteado acudiendo directamente al obispo.

El día 9 de abril, víspera de la procesión de 1960, el párroco tuvo conocimiento del decreto de aprobación del obispo a través del mayordomo, quien se dirige a él en estos términos: —“Ahora resulta que tendrá Vd. que colocar la imagen en la parroquia… es decreto de Su Excelencia Reverendísima, y las órdenes del Superior hay que acatarlas”. Antes de todo esto la cofradía ya había informado a los medios de comunicación de la advocación que tendría la nueva talla –María Corredentora- y de que el párroco iba a bendecirla. La oposición y el disgusto del párroco al verse relegado al segundo plano eran evidentes. — “Ni yo he bendecido la imagen ni he asistido a la procesión”, manifestaría después de esa Semana Santa. Desconocemos en este punto la fecha exacta de la bendición de la imagen, aunque es de suponer que la cofradía tenga bien documentado este dato.

A partir de entonces, ya pasada la Semana Santa, la disputa se recrudece. El párroco se opone frontalmente a la recepción de la imagen y comienza a poner todo tipo de trabas. Con fecha del 22 de abril de 1960, D. Antonio Suárez envía un informe personal al obispo Llopis Ivorra donde le pide que revoque el decreto de aprobación de la imagen (decreto ya emitido dos meses antes) aludiendo a que él era parte activa y cabeza visible de la parroquia donde se daría culto a la Virgen, y se le había obviado por completo durante el proceso. En su argumentación, el párroco comienza a profundizar en cuestiones que van mucho más allá de la aprobación o no aprobación de la nueva imagen mariana.

D. Antonio Suárez alude a que, en caso de existir, (o sea, poniendo veladamente en tela de juicio su veracidad) los estatutos de la cofradía y el decreto de erección canónica tras la refundación de 1950 “le eran desconocidos”. También cargaba contra los cofrades del barrio, señalando su poca participación en las actividades de la parroquia y quejándose de que su implicación se reducía únicamente a la procesión de la cofradía. Otra queja del párroco era que antes de crearse la parroquia “la tal llamada cofradía, dirigida por una minoría, pretendía ser como una rectora con fines poco definidos en esta numerosa y pobre barriada”, y viniendo a decir que el único propósito de la cofradía era perpetuar una posición dominante frente al párroco en la cotidianeidad de la parroquia. A decir verdad, no existe constancia documental alguna que fundamente esta deducción del párroco, más allá del hecho objetivo de que la cofradía (reorganizada en 1950) llevaba trabajando en el barrio muchos años antes de que se crease la parroquia (decreto del 10 de noviembre de 1958) y D. Antonio se hiciese cargo de la misma.

El párroco también arremete en su alegato de manera directa contra la cofradía del Humilladero, recordando que durante 1959 esta se había negado a participar en las obras de acondicionamiento de la parroquia y en la adquisición de objetos litúrgicos para la misma. D. Antonio recuerda el pretexto de que la situación económica de la corporación no era muy boyante, y se muestra “muy sorprendido” de que en estas circunstancias la hermandad abordara el encargo y adquisición de una imagen nueva. Una argumentación errónea del párroco, ya que como todos sabemos la imagen fue donada por el propio escultor, según consta en los archivos de la cofradía (Fuente: web de la hermandad). No en vano, D. Venancio Rubio es nombrado Hermano de Honor de la cofradía precisamente por ese motivo.

El recurso del párroco no prospera y el obispo ratifica que la imagen de María Corredentora es propiedad de la cofradía del Humilladero y puede recibir cultos externos e internos con todos los derechos. Pasa el tiempo, llega la Semana Santa de 1961, y el asunto todavía colea. Bajo la excusa de que no hay espacio en la parroquia para colocar las andas de la Virgen, y que tampoco hay altar donde rendirle culto, el párroco invita a la hermandad a buscar un nuevo lugar para el culto de María Corredentora. Es en este momento cuando la cofradía del Humilladero acude a los Padres Salesianos para solicitar la entronización de la imagen en uno de los altares de la iglesia de San Francisco, y solicita también permiso para organizar su procesión en dicho templo. Los religiosos Salesianos no ponen pegas, y el obispo aprueba en decreto del miércoles 22 de marzo de 1961 que la nueva imagen de María Corredentora reciba culto en el Monasterio de San Francisco el Real. Este es el motivo por el cual la cofradía modifica su itinerario de 1961, y sale el 26 de marzo, Domingo de Ramos, del convento de San Francisco en lugar de hacerlo desde su ermita, tal y como recogemos en nuestro estudio histórico de itinerarios. Cabe subrayar la premura con que se desarrollan los acontecimientos y la inmediatez con que la cofradía debe resolver cuestiones tan importantes como el lugar de salida de su desfile, cuatro días antes de que este se celebrase.

La imagen de María Corredentora permaneció en el convento de San Francisco hasta el año 1979, cuando se inician las obras de preparación y acondicionamiento de lo que hoy conocemos como Institución Cultural el Brocense. Todos los iconos, imágenes y demás enseres litúrgicos quedan en ese momento relegados de sus altares, y María Corredentora se guarda entonces en la sacristía de la ermita del Espíritu Santo a la espera de un mejor y definitivo emplazamiento por fin en su parroquia. D. Antonio Suárez permaneció como párroco del Espíritu Santo hasta el año 1969.  El desfile procesional de la cofradía del Humilladero volvería en 1962 a salir desde la ermita del Espíritu Santo (estudio histórico de itinerarios) por expreso deseo de sus cofrades. Y así, amigos, se cierra una azarosa y desconocida página de la historia moderna de nuestra Semana Santa.

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