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La reflexión que voy a hacer a continuación es puramente casera y no tiene ninguna base científica, de hecho se me ha ocurrido esta mañana mientras terminaba el desayuno.
Debido a mi reciente paternidad, de unos meses a esta parte vengo experimentando un curioso fenómeno que me apetece compartir hoy aquí. Tengo la suerte de contar con bastantes conocidos, diría que algunos incluso amigos, que pertenecen a círculos cofrades muy diversos. En verdad me considero un privilegiado por ello. La cuestión es que, tras acreditarse como conocedores de la feliz noticia, mis amigos/conocidos cofrades saltan al momento con la cuestión de cuándo voy a apuntar a mi hija a la cofradía. “La cofradía”  aquí pueden ser cinco o seis diferentes, según cada caso.
La respuesta es que no, no la voy a apuntar a ninguna cofradía. Y según he observado, esta es una decisión que genera sorpresa o trazos de incomodidad en esos interlocutores que, con toda su buena intención, me habían hecho el comentario o la pregunta retórica dando por hecho que la respuesta era obvia y afirmativa. Ni mucho menos es algo que me moleste; más bien al contrario, como padre y como cofrade lo considero un halago. Pero sí me está resultando llamativo, por momentos hasta divertido, el proceso de inercia bajo el cual si tienes una mínima trayectoria como cofrade se infiere que tu descendencia pasará automáticamente a engrosar las listas de inscritos desde el primer día de su nacimiento. Este fenómeno sí me interesa diseccionarlo y compartirlo en este espacio, por ver si llegamos a alguna conclusión y por conocer también la opinión de otros.
A mí las cuestiones de Semana Santa me parecen algo muy serio. Tan serio que de vez en cuando conviene tomárselo un poco a la ligera, por aquello de oxigenar el entorno y de conservar una mentalidad lúcida y sana en el largo plazo. No creo que a un niño/a de pocos años le sirva de mucho estar apuntado a una cofradía. Personalmente a mí tampoco me aporta mucho el saber que mi hija, de escasos meses o años, está apuntada en ningún sitio. Y no me encuentro en absoluto cómodo con la responsabilidad de apuntar a nadie a una hermandad penitencial sin tener su permiso. Imagino que esto también tendrá mucho que ver con la experiencia personal y con el particular concepto que cada uno posea acerca de la Semana Santa. Incluso, en mi caso, con una obstinada reticencia a seguir los métodos y costumbres establecidas. Pero creo sinceramente que la esencia de las cosas hay que buscarla en otra parte. 
Sí estoy convencido, tanto mi experiencia como la estadística así lo demuestran, de que la raíz cofrade penetra más hondo en la tierra cuantas más vivencias se acumulen en torno a ella. Tanto mejor si las vivencias comienzan desde pequeños. Aquí, en las vivencias, es donde yo como padre quiero y debo poner el acento una vez que la muchacha tenga la edad suficiente para que sus recuerdos puedan aferrarse a su memoria en vez de huir evaporados. Tampoco me tengo precisamente por buen cofrade, así que intentaré que ella no siga mi ejemplo más allá de lo estrictamente necesario. Sí procuraré mostrarle el camino y que en el futuro conozca en profundidad de qué va realmente esta historia, qué significa y por qué algunos seguimos tan dentro de ella. Y en esas, espero, tendrá al cabo de unos años la libertad e información suficientes para decidir objetivamente si le gusta o no le gusta. Si quiere continuar con alguna tradición, o no. Si ponerte una túnica significa algo para ella o no le despierta nada en su interior. Para nada de lo antedicho necesita estar apuntada a ninguna lista desde antes de tener conciencia. Sí precisará, en cambio, de haber vivido situaciones, estado en sitios, conocido a personas y comprobado en primera persona cómo se gestionan las relaciones humanas y los conflictos dentro de un entorno cofrade. He aquí la esencia.
Las listas de hermanos están compuestas por muchas personas. Algunas son cofrades, y otras solo son números en una celda o filas de una hoja de cálculo. Mi hija, de estar alguna vez en esas listas, entrará seguro dentro del primer grupo.
Puede argumentarse que lo que expongo no está reñido con el hecho de que un infante sea inscrito más temprano o más tarde a una cofradía. Puede ser. Pero como todo, también depende de cómo se mire. Yo personalmente le otorgo gran valor simbólico a que sea uno mismo quien decida entrar a formar parte de una institución de esta índole, que rellene el boletín de su puño y letra -acaso aún torpe e inconsistente- y pague la cuota anual con las monedas que tenga en su hucha -que a fin de cuentas saldrán igualmente de mi bolsillo-. Pero muchos cofrades opinarán de forma distinta, y a mí me parecerá una postura igualmente válida.

7 thoughts on “215

  1. Muy buenas, enhorabuena tardia por entrar en el circulo de padres.
    Siguiendo tu reflexión, te voy hacer una pregunta sin animo de ofender,
    ¿la has bautizado o vas ha esperar que elija religión?

  2. ¡Muchas felicidades, hermano! Respeto tu postura y reconozco que inscribir a un hijo en una cofradía a las pocas horas de nacer se hace más por la propia satisfacción de los padres que por el bien de los hijos. En mi caso, mi hija es hermana de varias cofradías desde su nacimiento, sale desde los dos años en la Cofradía de los Estudiantes (y le gusta mucho) y cuando sea mayor, ella decidirá: si no le gusta o le aburre lo dejará y si le gusta seguro que agradecerá haber tenido esas vivencias desde tan pequeña.

    Saludos y ¡que duermas bien! (que es lo que más anhela un padre de un bebé).

  3. Muchas gracias a todos por las respuestas y por las felicitaciones.

    Respondiendo a Ángel: La mayoría de ateos, agnósticos, no creyentes, etc del país están bautizados igual que nosotros; no se trata de elegir religión sino simplemente de cumplir un rito socialmente establecido, un camino marcado de antemano que dice que a los X meses hay que bautizar a los niños porque es lo que toca. Yo pienso que el bautizo, como las comuniones y como las bodas, han perdido su sentido original y ya no son en muchos casos un sacramento sino simplemente una tradición y una celebración social con un gran dispendio alrededor. Pero de todas formas este es un blog cofrade y no me quiero desviar mucho del tema.

    A lo que voy: si dependiera solamente de mí, y como bien apuntas siguiendo los mismos principios que ya he expuesto, siempre he tenido claro que yo no la bautizaba (aún no toca, tiene poco más de un mes) porque me parece igualmente absurdo y porque creo que esas cosas hay que hacerlas en su momento si es que hay que hacerlas. Pero en la cuestión del bautizo influyen una serie de factores de presión sociales, familiares, etc, de los cuales es mucho más difícil librarse y que no existen en una decisión más “trivial” como es el apuntarla a una cofradía. Veremos.

    Un saludo.

  4. Estamos de acuerdo, y ritero mis felicitaciones y como dice Juanjo que durmais todas las noches un poquito(Padre y Madre).
    Como Juanjo mi hija es hermana de varias cofradías desde su nacimiento. De penitencia y de Gloria y es ella la que ha decidido seguir participando.
    Que tengas una buena Pre-Semana Santa que acabamos de empezar.

    Un saludo

  5. Lo primero es felicitarte Jose. Y lo segundo es darte la razón. Veréis, yo si soy muy semanasantero creo que fue por una cosa que me pasó entre los 8 a los 14 años, y es el hecho de que no estuve apuntado en ninguna cofradía (solo estuve dos años en el Amor). Esta sensación de ver a muchos niños en el desfile y que yo no pudiera participar (básicamente porque no estaba apuntado) hizo que las ganas de ser cofrade aumentara. Y creo que lo consiguió.

    Generalmente, si la Semana Santa se mama, la muchacha cuando tenga 6 ó 7 años va a querer apuntarse, simplemente por el hecho de querer estar con su padre, e incluso de imitarlo. Si luego a los 13 ó 14 años se aburre, es libre de irse, pero creo que, si una persona asume desde bien pequeño que tener que ir a hacer una caminata lenta y aburrida, de varias horas de pie, es obligatorio porque “es lo que hacemos todos los años”; cuando vea que con 13 ó 14 años pueda elegir ir o no ir, va a hacer lo que le venga en ganas, y generalmente va a ser no ir.

    ¿Que la tradición de meter a los hijos antes en una cofradía que en el registro civil es bonita? Bueno sí, pero a mi opinión no merece la pena.

    PD: Sobre bautizos y comuniones, solo hay que comparar cual es la proporción niños con la primera comunión vs niños con la primera comunión y la confirmación. Os asombraría ver como de ritos laicos se han convertido estos actos..

    1. Muchas gracias Carlos. Yo tampoco me inscribí en ninguna hermandad hasta los diez años de edad, cuando se fundó la cofradía del Amparo y mi familia estuvo y sigue estando muy vinculada a ella. Al resto de cofradías a las que hoy pertenezco me apunté por voluntad propia más adelante, entre los catorce y los veinte años de edad. Ello no quita que viviera las procesiones y el entorno cofrade desde pequeñito, al menos desde que tengo constancia de mis recuerdos. Como dije en el primer mensaje, cualquier otra opción me parece igualmente válida, pero en este caso supongo que influye la forma en que uno lo ha vivido para después transmitirlo o explicar de manera parecida.

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