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1984 – El pueblo por fin volcado
El ímpetu llama a las iniciativas, y quizás por ello el ayuntamiento de Cáceres tiene a bien convocar un concurso para elaborar el cartel de la Semana Santa de 1984. Resulta vencedor Fernando García Muñoz con una impactante fotografía del Cristo de los Estudiantes, y la iniciativa del concurso queda viva hasta nuestros años. Encontramos otro punto de inflexión en la cofradía del Nazareno, que en la Junta General de hermanos del día 10 de abril reelige por aclamación al mayordomo Germán González para el trienio 1984-87. En esta misma asamblea se acuerda trasladar la procesión del Silencio a las 10 de la noche del Lunes Santo, aprovechando el vacío que desde hace años había dejado la cofradía de las Batallas, y sacar también este día el paso de “La Caída”. Un cortejo que sigue reinventándose sin terminar de encontrar su lugar dentro de la semana de Pasión cacereña. La Cruz Vacía queda desde este año ubicada definitivamente tras el Cristo de las Indulgencias, en la procesión de la madrugada.
Un Domingo de Ramos tardío, 15 de abril, la burrina abre los desfiles desde el templo parroquial de San Juan, sin variaciones en su itinerario. Tras la Cruz Guía marcha la banda de cornetas y tambores de la Asociación de Las Trescientas, dando música al paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén. La presencia de nuevas bandas ofrece también indicios de que algo anda pataleando en las tripas cofradieras de la ciudad.
La Virgen de la Misericordia se estrena en Lunes Santo con un novedoso recorrido casi idéntico al de la madrugada, y acompañada por unas cuarenta mantillas, cifra que por entonces suena escasa y hoy día más bien suena a ciencia-ficción.  Completan el cortejo las bandas de la Cruz Roja, de Pinilla y de las Barriadas Unidas. También este lunes, 18 de abril de 1984, se celebra un recital de saetas en  la S.I.C de Santa María a cargo de Teresa “La Navera” y de Juan Corrales, acompañados a la guitarra por Antonio Conde.
Dos primaveras en forma de Martes y Miércoles Santo reafirman el preclaro realce que la Pasión cacereña viene ganando en los últimos dos años. Las mantillas acompañan a la Virgen de la Esperanza en número cercano a las 400, casi lo mismo que ahora… si añadimos claro está a los penitentes, relevos, filas de niños, presidencias y bullicioso séquito post-procesional. El público colma callejas y abarrota las aceras con ganas de sumarse a este renacido fervor semanasantero, animado también por la tarde y la temperatura idílicas a la manera de un lienzo de Coubert. En aquel tiempo, los titulares de los Ramos transitan aún por Moret, Concepción, Santo Domingo y Ríos verdes, subiendo por Sancti Spiritu hasta la Plaza. Y sumándose al boom de las nuevas agrupaciones, en la noche del Jueves Santo acompaña a la cofradía del Humilladero la banda del grupo de majorettes “Hispanidad”.
La madrugada, dama interminable y sutil quintaesencia cofrade, luce de nuevo atiborrada de gente, sobre todo en la Plaza Mayor. Nunca supe si el Nazareno sale en la madrugada, o si es la madrugada quien llega para salir con el Nazareno. La literatura hecha paso de Semana Santa. Este Viernes Santo de azul triste, limpio y dorado, con tremendo calor, la cofradía de los Estudiantes recupera su recorrido por la calle Pizarro, y ya no pisaría la Ciudad Antigua hasta la visita que realiza en 2008 al Palacio Episcopal, con motivo del 50º aniversario de la hermandad.
 Viernes, 20 de abril de 1984. Cristo de los Estudiantes por San Pedro
Este año, el encuentro entre el Resucitado y la Virgen de la Alegría se celebra frente al atrio del ayuntamiento, y no en mitad de la plaza como venía ocurriendo hasta entonces. En este punto, la Semana Santa de 1984 es ya una de las más espléndidas que se recuerdan. Van tres años seguidos en que la tendencia negativa se ha invertido, y se puede empezar a hablar de recuperación. En las tripas de la pasión comienzan a moverse algunos jóvenes, no mucho mayores que yo, con ganas de agitar conciencias y animar un poco el cotarro. ¿Adónde irán?